viernes, 14 de enero de 2011

No se puede amar lo que no se conoce



El otro día leí esta frase y algo me llegó al Alma.  ¿Cómo pretendemos amarnos si apenas nos conocemos? Esta pregunta empezó a abrir en mi mente un sinfín de puertas a una velocidad de vértigo.

Sobre el portal del templo de Apolo en Delfos estaba escrito: “Conócete a ti mismo”. Esta era la premisa para ingresar en los misterios. Su sabiduría heredada de los misterios egipcios y persas no podía ser más explícita. El aspirante debía guardar silencio en las primeras etapas de su aprendizaje y observarse por dentro y por fuera, así las palabras que salieran de sus bocas serían como mínimo tan bellas como el silencio o no las pronunciarían.

Regresando al presente, vemos una sociedad que está acostumbrada a no pensar, a recibir información en cada momento, radio, televisión, periódicos, anuncios, internet, etc. Llena toda su mente con cosas intrascendentes, superfluas, vánales al fin y al cabo. Todo esto lo aleja de conocerse así mismo y al mismo tiempo de amarse plenamente y conscientemente.

La cultura occidental nos insta a que debemos tener una actitud correcta, que debemos portarnos bien, que debemos ser éticos, pero no nos dan las herramientas adecuadas para empezar esta construcción, en la que cada uno de nosotros es una piedra fundamental del edificio llamado humanidad.

Para amarnos, debemos dar sentido a nuestra función como “piedra” del edificio y modelarla en función del fin último. Si no conocemos que lugar ocupamos en la construcción y cincelamos una forma equivocada, el edificio entero está en peligro, ya que el orden necesario para esa construcción llena de armonía no se ha conseguido.

Los instintos nos asaltan constantemente en la vida y la mayoría intentamos reprimirlos, dominarlos y encerrarlos en la “sombra” para no verlos, pero así cómo la sombra real que produce el sol nos hace conscientes de que tras nosotros hay Luz, así la sombra que no queremos ver pero que sabemos tenemos dentro de nosotros, nos saldrá cuando menos lo esperemos y más fortalecida si cabe.

El conocimiento de nuestro interior, nos lleva a poner primero los pies en el suelo, a vernos tal y como somos, con nuestros defectos y virtudes y al mismo tiempo encontramos el principio de la búsqueda al preguntarnos ¿Por qué estoy aquí? La respuesta se encuentra cuando empezamos a amarnos tal y como somos, ya que esa luz es la que nos da sentido, nos da la seguridad de que el verdadero amor está dentro de todos nosotros y que es reflejo del Amor Universal que se manifiesta en la armonía, la verdad y la vida en todos los niveles de la existencia.

Ese es el primer paso para amar a todos los seres y por ende a Dios, ya que llegamos a él, al conocer su creación, al reconocernos parte de él, al amarlo plenamente hasta fundirnos en un solo ser, donde la entrega es total, la confianza es real y hacemos su voluntad y no la nuestra…

Vivimos con los vivos y morimos con los muertos… en un mundo sin velos.

Recordemos que no podemos AMAR lo que no conocemos…

Guillermo J. Recourt




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