domingo, 12 de julio de 2020

SABOREAR EL DUELO



¿Cómo voy a saborear este dolor?, ¿cómo voy a poder saborear este sufrimiento tan desgarrador?, ¿cómo voy a poder saborear lo más amargo de la vida?.

Al oír la palabra “saborear”, lo primero que hace nuestra mente es revelarse, sentirse incómoda y aprovecha una simple palabra para desencadenar un verdadero ejercito de ideas, muchas veces inconexas, que crean aún mayor sufrimiento…

Nuestro yo “pequeñito”, nuestra “personalidad” se siente atacada porque ante la pérdida sólo se nos ha enseñado una manera de reaccionar desde hace milenios, resistencia a la aceptación, sufrimiento, incredulidad, rabia, impotencia, dolor infinito, soledad, ausencia de presente y de futuro, etc.

Gran parte de estas reacciones son propias de nuestra naturaleza. El dolor es dolor y junto a los pensamientos, aparecen las lógicas emociones y sentimientos de tristeza, anhelo y confusión. Como siempre os digo, el dolor físico, psicológico y emocional es normal en todo ser humano, pero el sufrimiento generado por la resistencia mental a aceptar los cambios de la vida y nuestro “envenenamiento mental” se pueden evitar en gran medida.

Si nos fijamos con detenimiento, la acepción “saborear” se refiere en todos los casos a apreciar o disfrutar con “detenimiento” cualquier cosa, especialmente cuando agrada o se disfruta, pero no cuando algo nos desagrada, está fuera de nuestro control o nos produce dolor.

La psicología transpersonal ve al ser humano en su aspecto trino: cuerpo, alma y espíritu. Ante el duelo el cuerpo reacciona e intenta protegernos, el alma o psique acude a las memorias del pasado para saber como gestionar este shock e intentar “controlar” la situación y las emociones salen desbordadas, pero que ¿ocurre con el espíritu?

Nuestro espíritu simplemente está ahí como la consciencia pura que somos y que no podemos dejar de ser, pues constituye nuestro verdadero Ser.

Desde esa profundidad no hay separación con el ser transcendido. No busca cambiar lo sucedido porque es parte de esa sabiduría omnipotente que sabe que todo está bien. No sufre porque es puro amor en movimiento. No busca respuestas porque a ese nivel ya lo comprende todo. No busca la aceptación, porque fluye en Verdad y Vida.

Si ya somos perfectos, ¿Por qué sufrimos? Esta es la pregunta del millón.

Desde el plano del yo pequeñito, sufrimos porque hemos perdido la conexión con nuestro espíritu al identificarnos con nuestra mente y con todo lo que sentimos y vemos.

Desde el espíritu simplemente saboreamos la vida que somos en todas sus facetas, sin separación, sin dualidades, sin luchas ni juicios.

Esto es muy hermoso pero ¿cómo me puede ayudar en mi duelo?

Dicen que el conocimiento es poder. Vamos a ver ese conocimiento tanto a nivel mental (pequeño yo) como a nivel transpersonal (El Ser o Yo con mayúsculas).

Conocer como funciona el cuerpo ante el dolor y el duelo nos ayuda a normalizar las lógicas reacciones como la ansiedad, la taquicardia, la presión en el pecho, el insomnio, la depresión, etc. y realizar ejercicios para mantenernos en armonía.

Conocer la psicología del duelo es importante pues nos ayuda en nuestro proceso de autoconocimiento e integración psicológica. Aquí la ayuda de profesionales y especialistas en duelo es importante cuando vemos que no podemos llevar una vida normal tanto a nivel mental como emocional.

Hasta aquí trataríamos la sanación del “pequeño yo”. Esta sería una de las “alas" para poder “elevarnos” más allá de lo que creemos ser. Ahora veremos como adquirir la otra “ala” y aumentar ese conocimiento de nuestro ser espiritual para poder volar hacia las “alturas del Ser”.

Entraríamos ahora a conocer lo que en psicología transpersonal se denomina el camino de la “Atención Plena” o “Mindfulness”. Son técnicas que nos ayudan a tomar distancia de los pensamientos que van apareciendo en nuestro campo de consciencia y que son productos de toda una vida de programación y como no, de manipulación indirecta de nuestro entorno. Nos ayudan a empezar a “saborear” el momento presente sin emitir juicios y aceptando los cambios corporales y emocionales desde esa posición de observador imparcial que nos lleva a la ecuanimidad mental y emocional, al dejar de identificarnos con el “pequeño yo”.

El último conocimiento es una paradoja, pues ya no nos lleva a conocer nada, a buscar nada, sólo a Ser con mayúsculas. Entramos en el campo de la no dualidad donde los pensamientos y deseos ya no están. Pueden pasar por nuestro campo de consciencia pero en este estado sólo somos uno con ellos y con todo lo que nos rodea.

Pasamos de ser buscadores a ser “Descubridores del Ser”. Es ese “Hágase tu voluntad y no la mía”. Es esa plena confianza en que formamos parte de algo más, no por las creencias de otros, sino por verdadero conocimiento interior.

Hablamos de los estados meditativos o contemplativos. Estados que no son para alcanzar algo, ya que si fuera así sería producto de nuestra mente, que siempre busca hacer algo. No. Me refiero a entrar en el silencio, en la observación del mundo con la “mirada de un inmaculada de un niño”.

En este estado nos acogemos a nosotros mismos, dejamos todo lo superfluo, las ideas preconcebidas, para abrirnos a lo que ya somos… Pura luz. Tagore decía “Si echo mi misma sombra en mi camino, es porque hay una lámpara en mí que no ha sido encendida”. Te invito, no ha encender tu lámpara sino a quitar los velos mentales que no te dejan ver que ya está encendida y brilla por sí sola.

El camino del autodescubrimiento real, lleva a “saborear” los silencios tanto de lo hermoso como lo desagradable (según la mente dual) a vivirlos con luz propia desde nuestra parte más profunda (No dual) y por tanto sólo esperimentable en el eterno “AHORA”.

Sin esos momentos de comunión espiritual en verdadero “silencio” (Aunque sensorialmente escuchemos pensamientos, sensaciones, etc), no se puede vivir el llamado “estado de presencia” donde dejamos de sobrevivir para VIVIR la vida tal cual es, llena de belleza, vida y amor, que son el perfume del Espíritu saliendo por las grietas que el dolor abre en nuestra alma.

“Saborear el duelo”, es caminar en él desde lo profundo del Ser. Aceptar y vivir nuestro dolor humano y al mismo tiempo sentir la brisa del espíritu que surge por todos lados, como decía el Maestro Jesús… El consolador viene como el viento, no lo vemos pero acaricia nuestro Ser… Somos parte inseparable de ese Consolador Universal, somos uno con Él.

Como siempre os envío un fuerte abrazo lleno de esa Paz Profunda que nace de saborear la vida tal cual Es… Bendiciones mil!

No hay comentarios:

Publicar un comentario