viernes, 2 de marzo de 2018

¿Qué enseña el Duelo?



¿Qué nos ha enseñado a cada uno de nosotros el duelo?

Empezaré contando mi primera experiencia de luchar para poder salvar la vida a alguien.

Cuando tenía 15 años, la madre de nuestra vecina empezó a gritar como loca pidiendo auxilio. En la urbanización nadie la escucho y salí corriendo en su ayuda.

Al llegar, vi en el fondo de la piscina a medio llenar el cuerpo del pequeño Jordi de 3 añitos... Lo saqué como pude por la escalera y empecé a hacerle la reanimación cardiopulmonar... hasta que llegaron sus padres y se lo llevaron al hospital... Estaba muy frío y no pude hacer nada por él. Esa fue mi primera experiencia traumática con la muerte y mi primer contacto con una familia totalmente destrozada.

Sentí rabia y hasta culpa por no haberlo podido salvar. Fueron semanas muy duras para todos y más para su familia... Su carita nuca se me ha olvidado y aún hoy suspiro al acordarme de él.

Es la primera vez que escribo sobre aquella sobrecogedora experiencia.

¿Qué aprendí de todo aquello?

Qué nadie está preparado para asumir la muerte y por ello resulta tan traumática. Esta realidad de la impermanencia de todo lo material me llevo a adentrarme más en la búsqueda interna y a morir cada día a mis creencias fantasiosas de que todo es para siempre y que somos el centro de nuestro universo particular.

He perdido a buenos amigos de joven, a una familia entera a la que quería como si fuera la mía, a mi padre de eutanasia activa en Amsterdam y abuelos y a tíos y... a muchos más, la última, la hija de mi primo con 20 años, Pilu, a la que dedico este artículo..

Sin la fortaleza interna que empecé a tener gracias a Jordi y su temprana muerte, mi vida hubiera sido un infierno, hubiera estado perdido, victimizado por el destino cruel y desconectado de la vida... Pero dentro de cada uno de nosotros hay una fuerza espiritual que está deseosa de salir a la luz y dar luz a todos los que sufren, hemos sufrido y sufrirán...

La muerte no es lo contrario de la vida, sino del nacimiento como dice E. Tolle. Y esa vida eterna, radiante, creativa, amorosa y vibrante, que es nuestra consciencia primordial, es la que ve desde su forma corporal los eventos con total paz y lucidez, esperando pacientemente a que en alguna crisis, los velos del ego se rasguen y en ese soltar vital, en ese tocar fondo, encontremos sentido a la vida...

Una intuición no razonada, como toda verdadera intuición, nos muestra por un momento la verdad que hay tras esos velos y creencias condicionadas por los eventos vividos y la libertad que da ser, sólo ser, nos conforta como nadie y nos responde todos los porqués sin ningún pensamiento. Vamos mirando a la vida a partir de entonces con el corazón despierto a cada sensación , vamos aprendiendo a vivir el ahora y el nosotros, para mayor gloria de lo que llamamos Dios y que el Corazón deja sin nombre... Sólo le pone AMOR.

Qué nuestras vivencias, se unan a las de todos y podamos dar fe,  que salir del sufrimiento  y dejar de resistirse a la vida se puede, que no hay que correr, que cada uno tiene sus tiempos, que la perfección no existe, que la vida seguirá con su impermanencia, pero que desde nuestro silencio la esperanza sin juicio nunca muere, porque aunque nuestra mente nos mantenga dormidos a la realidad espiritual, la verdadera esperanza surge de lo profundo de cada ser y su eternidad es el mástil que sujeta la verdadera compasión, la paz y el amor, que pasan a ser estados de consciencia que como la espiral, nos acercan al centro del ser con cada ciclo, con cada vuelta, con cada crisis, con cada duelo que nos desnuda de lo superfluo para mostrarnos, en definitiva, que:

"No somos seres humanos teniendo experiencias espirituales, sino seres espirituales teniendo experiencias humanas" Pierre Teilhard de Chardin

Recibid hoy más que nunca un fuerte abrazo llena de esa paz profunda que nunca nos abandona y que mora en el lo profundo de cada ser.

Guillermo.

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