viernes, 6 de mayo de 2016

La motivación para dejar de sufrir



"Cuando decidimos adentramos en la meditación, como sucede con cualquier otra actividad, es esencial que verifiquemos la naturaleza de nuestra motivación. En efecto, dicha motivación —altruista o egoísta, amplia o limitada— es la que dará una dirección positiva o negativa a nuestros actos, y, por tanto, determinará su resultado.

Todos deseamos evitar el sufrimiento y alcanzar la felicidad, y todos tenemos el derecho fundamental de ver realizada esta aspiración. Sin embargo, la mayoría de las veces nuestros actos están en contradicción con nuestros deseos. Buscamos la felicidad donde no la hay, y nos precipitamos hacia lo que nos hará sufrir.

La práctica meditativa no exige renunciar a todo lo que es realmente beneficioso en nuestra existencia, sino que más bien nos mueve a abandonar las causas del sufrimiento, a las que, a pesar de todo, estamos encadenados como si fueran drogas. Y dado que ese sufrimiento está causado por la confusión mental que oscurece nuestra lucidez y nuestro juicio, el único modo de remediarlo es adquirir una visión justa de la realidad y transformar nuestro espíritu. Así eliminaremos sus causas primeras; es decir, los venenos mentales de la ignorancia, la malevolencia, la avidez, la arrogancia y los celos, producidos, a su vez, por el apego egocéntrico y falaz que mantenemos con el «yo».

Pero con curar los sufrimientos personales no hay bastante. Cada uno de nosotros no somos más que un solo ser, mientras que el número de los demás es infinito, y ellos, al igual que nosotros, también quieren dejar de sufrir. Además, todos los seres somos interdependientes, y, por tanto, estamos íntimamente unidos a los demás. 

Por consiguiente, el fin último de la transformación que vamos a emprender a través de la meditación es, también, el de ser capaces de liberar a todos los seres del sufrimiento y contribuir a su bienestar."

Matthieu Ricard

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