domingo, 1 de noviembre de 2015

Más allá del culto a los muertos.



Estamos viviendo varias festividades dedicadas a los que partieron hacia planos superiores de consciencia. Entre ellas Halloween, El día de todos los Santos y el día de los difuntos.

Todas ellas relacionadas con cultos muy antiguos, que van desde el diluvio universal relatado en diversos continentes y tradiciones y donde pereció gran parte de la humanidad (Según la mitología, el recuerdo ancestral de un gran desastre o la religión), hasta festividades multiculturales sobre ritos funerarios asociados a ritos agrarios, en Egipto, Grecia, Roma, Pueblos Americanos, Pueblos Celtas, Pueblos Asiáticos, etc..

Las religiones se unen a este universo inconsciente del Alma, para seguir transmitiendo esa sabiduría innata del hombre, ese saber que somos mucho más que un psico-cuerpo y que la consciencia, el espíritu, transciende la materia.

Sea como fuera, esta época del año ha sido venerada desde tiempos inmemoriales y si cerramos los ojos, podemos intuir el porqué de tal celebración. El inconsciente colectivo de la humanidad es de un poder y sabiduría infinita y ese misticismo, esa espiritualidad se transmite por medio de cada una de esas sagradas tradiciones.

¿Cuál es la mejor tradición? La que te llegue al alma con su simbolismo y creencia. Todas las religiones nos llevan en última instancia al reencuentro con nuestra parte divina y dentro de cada una de ellas hay un núcleo más místico, más espiritual que se funde con la espiritualidad más elevada y pura, donde las creencias dejan paso al conocimiento personal e intransferible de una sola realidad.

Todas las religiones de manera más o menos velada nos transmiten la inmortalidad del espíritu. En estas fechas miles de seres humanos encarnados, de una u otra manera, nos unimos en oración por nuestros antepasados o seres queridos, y recordando que la energía sigue al pensamiento, esos sentimientos cobran vida en el espacio, vibran en octavas más altas, más puras, más eternas, comulgando así con las consciencias eternas de nuestros seres queridos.

Al espíritu se le llega con el espíritu, por eso sólo pensar en ellos no es síntoma de comunión, hace falta entran en estados de consciencia más elevados y estados mentales más relajados.

Los colores del Otoño, son colores naranjas, ocres, marrones y negros… ¿Nos recuerda algo, los colores de Halloween? ¿Nos recuerdan algo, los colores del maíz y el trigo que dan vida al pan nuestro de cada día? ¿Nos recuerdan algo,  los centenarios árboles que se desnudan para que los rayos del sol puedan calentarnos mejor? ¿Nos recuerdan algo, la bendita tierra que nos da cobijo, alimentos y estabilidad? Todos ellos símbolos de un cambio necesario para aceptar los cambios naturales que cíclicamente nos da el diario vivir… Comunión sagrada con el orden Universal… Yin y Yang en perfecto movimiento.

Las iglesias y templos se llenan para orar por las miles de consciencias desencarnadas en esta época desde tiempos inmemoriales. Los no creyentes de alguna forma también se unen a esta comunión de mentes y almas en un proceso de gratitud por lo compartido, por lo aprendido en ese fluir en vida con las luces y las sombras del ego, gracias a la cuales evolucionamos y gracias a las cuales su ser queda unido al nuestro hasta la eternidad, pues del yo, pasamos al nosotros en esta comunión sagrada y del nosotros al Uno del que formamos parte.

Hagamos nuestro propio ritual sagrado. ¿Dónde? Donde nos encontremos más a gusto y llenos de vibraciones de paz. Una iglesia, un templo, una montaña una cueva, nuestra casa… El lugar es lo de menos si no ponemos en él nuestra presencia más sagrada y recordemos que eso mismo es lo que significa ser un templo viviente, tal y como lo decía el maestro Jesús…

Entrar en profunda comunión, es sinónimo de confiar plenamente en la esencia que está detrás del orden y perfección del Universo material e inmaterial, es soltar las ataduras del ego, de la personalidad y abrazar nuestra chispa divina, darle calor, respirar con el Alito más puro y pausado, para encender las brasas del Amor y envolvernos en Él, ya que Dios es Amor…

En nombre del Eterno Amor, disolvamos en esta comunión sagradas nuestros pesares, lamentos, miedos y desarmonías, para con la caricia de la Paz Profunda, abrazar en espíritu a nuestros seres queridos del Azul, en armonía y dignidad.

Deseo de todo corazón que estos días sean símbolo de comunión profunda y de renacer constante a una realidad libre de etiquetas y llena de sinceridad solemne.

Qué la llama del Amor que impregna el camino, la verdad y la vida eterna more siempre con nosotros y que su Lux se refleje en todos nosotros como espejos de la belleza que brilla en cada corazón lleno de la Gracia divina, que tenemos por derecho de nacimiento.

Recibid un inmenso abrazo lleno de Paz Profunda, y que hago extensivo a nuestros seres queridos, esten en el plano de comprensión que sea…

Dios os bendiga a todos!

Vuestro amigo y compañero de viaje.

Guillermo.

Tomar Consciencia.

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