miércoles, 29 de agosto de 2012

El Duelo, en busca de una Paz Condicionada.


Antes de sufrir el fallecimiento de un ser amado, la vida suele mostrar buenos momentos, llenos de lo que llamamos paz, juntos con otros momentos que nos causan sentimientos no tan gratificantes.

La Paz Interior real, es un estado de consciencia elevado, donde no están implicados apegos o miedos a perder dichos apegos.

La Paz que nosotros nos construimos mentalmente, está condicionada por la familia, la sociedad, las experiencias y un sinfín de eventos que nuestra mente guarda en su memoria y que cuanto más vividos son esos momentos, más se encadenan a las emociones producidas y generan un temor inconsciente y a veces consciente a perder algún día esta felicidad.

Por eso existen tantas interpretaciones a eventos que desde fuera parecen que son idénticos.

Normalmente la vida, a base de aciertos y errores, nos va señalando que lo que construimos sin egoísmo desde el corazón, nos reconforta, nos llena de Paz y que lo que construimos desde lo mental, está sujeto a esa interpretación condicionada y suele alterarnos antes o después con cada perdida, tal como el dejar la infancia, el colegio, la casa familiar, el trabajo, etc.

Por ejemplo, si para mi estar en Paz es relajarme en la playa, tomando el sol, y de repente aparece una nube y tapa el sol, esto me causa un enfado tremendo y pierdo ese estado de Paz. Si la Paz fuera fruto del corazón maduro, la nube no sería causa de perder la Paz y se seguiría disfrutando de esa hermosa playa.

Aplicado al Duelo, todo esto nos demuestra varias cosas que ya sabemos:

· Qué el duelo es personal y no se puede juzgar la manera de llevarlo.

· Qué el duelo crea un gran shock que colapsa los pensamientos, las emociones y nos sume en un estado de deriva mental.

· Qué el Duelo es cíclico y a más Amor más, extremos emocionales experimentaremos.

· Qué el duelo es causa de perder esa Paz que teníamos y nos sume en el sufrimiento y la desesperación.

El nivel de Paz que habita en cada corazón, suele pasar desapercibido, hasta que alguna experiencia dolorosa, nos hace buscar algo que alivie tanto dolor.

La Paz que creíamos tener, la Paz creada por la mente condicionada, se ha desplomado como si fuera un castillo de arena que las olas del mar terminan engullendo, y nos quedamos en un vacío existencial que da miedo, vértigo, inseguridad y amplifica el dolor que se está sufriendo.

La cultura actual incita y educa a poseer todo y a todos. El Amor que debería ser expansivo y universal, se vuelve posesivo y particular, siendo la alternancia de estos dos estados lo más normal a nivel global y mezclamos los más altos sentimientos por un ser querido con sentimientos de posesión y pertenencia, olvidándonos que todos somos seres libres que llegamos a un mundo que nos enseñará que esta libertad que da la Paz, nace del aprendizaje interior y que para ser real, debe “contagiar” a los demás, debe “ser útil” a los demás, debe “servir” a los demás.

Hemos oído decir, que el Amor es la llave que ayuda a abrir el candado que atrapa nuestra Paz Interior durante los procesos de duelo. El Amor no pide nada a cambio, se da y transmite de corazón a corazón y une un Alma con otra Alma y este vínculo es para siempre, es atemporal y multidimensional.

Cuando nuestro ser querido transciende a un plano de consciencia más elevado, espiritualmente es un viaje de retorno a la Unidad, a Dios, pero su individualidad como Alma, sigue ligada a la nuestra y muchos somos los que podemos afirmar esas intuiciones, sueños, olores, recuerdos, sonidos que por un instante nos hablan de la verdadera Paz de la reconciliación… La Paz que nos ayuda a querer terminar nuestro trabajo interior de duelo, que nos ayuda cuando cíclicamente caemos, la que nos da fortaleza cuando la angustia nos deja sin palabras, la que nos consuela con cada lágrima derramada…

El caminar conscientemente el Duelo, nos hace ser más realistas, más sensibles al dolor ajeno, nos ayuda a ver las cosas con sencillez y a elegir el camino que queremos recorrer realmente, a dejar amistades vaporosas y abrazar amistades condensadas y forjadas en el crisol de la experiencia, pero una de las cosas que más nos enseña es que la verdadera Paz, nace de la búsqueda interna, de la comunión consciente con nuestro ser profundo y del Amor impersonal hacia todo ser que existe en el vasto Universo visible e invisible, pues todos somos diferentes grados de UNA misma consciencia en movimiento, DIOS.

La reflexión que he querido hacer, es la dificultad añadida al duelo por nuestros condicionamientos, tan implantados a nivel subconsciente que nos impiden ver la verdad que hay tras cada verdad relativa. Cuantas cosas haríamos para sanar y no hacemos, por ir en contra de lo estipulado por la sociedad, por la familia, por la religión, etc…

Tenemos en nuestra mano la responsabilidad de la duda y de la fe, pero sólo la podemos encontrar en la autenticidad que habita en cada corazón, junto con la llama de Luz que disipa las sombras, si elevamos nuestra consciencia y somos capaces entonces de pensar con la verdadera libertad, libre de apegos y miedos.

No es una tarea fácil, es muy duro enfrentarnos a dos muertes, la del ser querido y la de nuestros viejos pensamientos que ya no nos sirven para seguir avanzando en Paz… pero ambas sanan con el Amor Consciente y esa debe ser nuestra meta, ir cada día transformando nuestro dolor en Amor y Amor en acción, que es el que da la paz suficiente, para subir un escalón más hacia paz Profunda de Cuerpo, Mente y Alma.

Por todo ello, hoy más que nunca, pido a Dios que nos muestre en cada fase de nuestra vida y duelo, la fortaleza para nadar a lo profundo del ser y regresar a la superficie con la Paz que todos podamos comprender y disfrutar mientras estemos en este plano de consciencia.

Recibid un fuerte a brazo y mil Bendiciones de todo corazón!

Guillermo J. Recourt

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